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Sexo, drogas y mariconeo. Mucho mariconeo. He visto “Los amantes pasajeros” de Almodóvar. Es el caldo de cultivo perfecto para que sus detractores arremetan sin piedad contra él y su película. De un genio no se puede esperar nada más que una genialidad. Y “Los amantes pasajeros” lo es.

Almodóvar vuelve a mostrarnos una iconografía muy personal: el altar portátil del azafato que recuerda al altar virginal de “La ley del deseo”, el uso de forillos tan artificiales como los usados en “Mujeres al borde de un ataque de nervios” o “Kika”…un estilo visual muy marcado con esos tonos pastel que envuelven a la película (original es el vestuario creado por David Delfin) en un halo retro que no deja indiferente, una composición de planos donde el primer término tiene tanta importancia como el segundo plano, y un guión espléndido, donde Almodóvar se recrea en tramas entrecruzadas (vuelve a sobrevolar la sombra de  “Mujeres…”), giros de tuerca en las relaciones personales (que no por manidos dejan de ser efectivos en esta historia) y críticas a todos los estamentos y situaciones sociales del momento. No deja títere con cabeza de una manera tan sutil como efectiva: la Casa Real, los políticos, los banqueros… Y humor, mucho humor, irreverente, políticamente incorrecto. O no.

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Estoy un poco harto de que cualquier temática ajena a lo socialmente entendido como aceptable sea tachada de incorrecta. Fuera complejos. Almodóvar se atreve a detallar la vida de unos personajes de una manera ácida y devastadoramente brutal basándose en el uso de unos clichés que, lejos de estar trasnochados, sirven para trasladar al espectador a un mundo, todavía, desconocido. Yo entendía, y me reía con muchas cosas de las que se contaban en la película que el resto de espectadores no llegaba a encajar, y a su vez me sorprendía cuando ese humor tan localista calaba en espectadores que, supuestamente, no sabían de lo que se estaba hablando. Hacía tiempo que no me reía tanto y con tantas ganas, llegando, incluso, al llanto incontrolable.

“Los amantes pasajeros” es una comedia muy burra y transgresora, aunque no me gusta nada usar esta palabra en los tiempos que corren porque usarla significa que no hemos evolucionado nada como sociedad, y que tratar y hablar de ciertos temas es un tabú o un riesgo. Así me parecía  cuando estrenó “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón”, “Laberinto de Pasiones” o “Entre tinieblas”, donde lo moderno y transgresor era tratar unos temas que nadie se había atrevido a hacer de una manera pública. Almodóvar vuelve a dar unos pasos hacia atrás para intentar refrescar a unos espectadores que se están anquilosando en unos valores y costumbres que frenan la lógica evolución de una sociedad. Y siempre con humor, ese humor que tanto echaba de menos en sus películas. No da puntada sin hilo este manchego de pro.

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Como buen director de actores sabe sacar un gran partido a todos, y son muchos: Javier Cámara, mayúsculo; Carlos Areces, inconmensurable; Raul Arévalo, revelador; Antonio de la Torre y Hugo Silva, sorprendentes; Cecilia Roth, imponente, Lola Dueñas, hipnótica; Carmen Machi, impoluta; Blanca Suarez (belleza espectacular), perturbadora…Pepa Charro (la Terremoto de Alcorcón), Miguel Angel Silvestre (hay vida más allá de “Sin tetas no hay paraiso”), Guillermo Toledo (en su linea) también están tocados por las manos de este rey Midas de los actores.

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Lo peor: Pe y Banderas forzando un acento en una secuencia donde un tono normal le hubiera dado más frescura. Muy prescindibles.

Lo mejor: el trío de azafatos Cámara-Arévalo-Areces, columna vertebral de la película, que han dejado una interpretación para la historia. La performance de “I´m so excited” es impagable.

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comentarios
  1. Txarly dice:

    Sobre lo que comentas del acento andaluz forzado de Antonio Banderas y Penélope Cruz, que es cierto que lo tienen, y mucho, creo que está hecho con toda la intencionalidad del mundo. A lo largo de la película podemos ver un muestrario de chistes o situaciones cómicas típicamente españolas: bromas sobre andaluces (de ahí el exagerado acento), sobre maricas, sobre gordos, sobre deficientes (“Tú debes de ser subnormal, ¿no?” le dice Norma a Bruna), sobre “sudacas” (“¡Cómo sois los sudacas, creéis que todo se arregla matando!), sobre marujas, chistes escatólogicos, sexuales… Vamos, todo aquello que desde tiempos inmemoriales ha despertado la carcajada en este país (y si no, a ver por qué las películas de “Torrente” son las comedias más taquilleras de nuestro cine y “Aída” una de las teleseries más vistas). Lo que no sé es si Almodóvar lo hace a modo de homenaje o de crítica. Siempre he entendido “Los amantes pasajeros” como una sátira sobre la sociedad española que echa mano de los recursos más elementales de determinado tipo de subgéneros cómicos (eminentemente teatrales, por eso la película tiene el tono que tiene), tales como la comedia antigua, también llamada dionisíaca, el sainete, la astracanada o el vodevil (con sus evoluciones hacia el cabaret o el burlesque), por lo que creo que prácticamente todo lo que pasa en la película se debe entender dentro de un contexto de crítica social completamente irreverente.

    • No se podría haber dicho de mejor manera…aun así me sigue chirriando ese momento..sobretodo por que es el comienzo de la película y descoloca mucho…un andaluz de pro como Antonio Banderas exagerando un acento que posee y con orgullo resulta un poco desconcertante por lo típico, tópico al que hacías referencia. Pero no podría haberlo expresado mejor que tu.

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