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Pionero sin ser innovador, el 3×4 surgió de la mente de Sergi Schaaff. Si lo sé no vengo le avalaba como un original creador de formatos y Saber y Ganar (actualmente en emisión) le sigue avalando.

1988. Adolescencia pura. Y dura. Una franja horaria inexplorada hasta ahora por este nuevo programa hizo que despertara en mí la curiosidad del mismo. Magazine. Concurso. Informativo divulgativo. Programa musical. Todo en uno.

El formato era un batiburrillo  de conceptos, ideas y estilos de programas ya existentes pero que a nadie se le había ocurrido la idea de unificarlos. Alguien tenía que ser el primero y Sergi Schaaff lo fue.

Julia Otero en 3x4

Julia Otero en 3×4

Una joven Julia Otero presentaba en sus comienzos el programa, que resultó ser una catapulta a la fama y a la continuidad profesional de varias caras conocidas de este país. A saber: Isabel Gemio sustituyó a Julia en el periodo 1989-90 y también resultó premiada con el favor del público, al igual que Constantino Romero (el gran Constantino) y Jordi González que fueron los sustitutos de verano en el programa que nunca descansó durante su periodo de emisión. Cuatro grandes de la televisión al servicio del entretenimiento. Cuatro grandes haciendo aún más grande un programa.

 Todo comenzaba con la petición de un concursante. Primera idea original del formato. Los concursantes pedían de todo: equipos de música, viajes de fin de curso para sus alumnos, amueblar una casa, bicicletas…en fin, lo que te venga a la imaginación seguro que lo pidieron. O casi. El programa traducía esa petición en puntos que el concursante debía conseguir a lo largo de ciertos programas. Otra idea original. Los concursantes podían estar dos días, dos semanas, dos meses…en función del regalo pedido y su equivalencia en puntos. Se conseguían puntos a través de los monitores que la presentadora tenía a sus espaldas (numerados del 1 al 9) y que contenían juegos similares a los pasatiempos clásicos, o a través de las consultas de los telespectadores. Otra idea original. La gente, desde sus casas, enviaba cartas o dejaba mensajes en un contestador haciendo una consulta, y dependiendo del tipo que fuera el programa la convertía en actuación musical, emisión de videoclip, entrevista en plató o mini reportaje grabado. De lo que oyera y viera el concursante podía salir la pregunta que se le hacía al final de la resolución de la consulta. Respuesta acertada, punto conseguido. Respuesta fallada, pérdida de comodín.

Quedan grabadas en mi memoria las actuaciones de la que fuera novia de Luis Cobos, la alemana Angel, con una canción que todavía retumba en mi cabeza, o la actuación de Sabrina tras su fenómeno post-pechosfuera cuya entrevista por parte de Isabel Gemio sacó el lado más combativo de la italiana.

Según el valor en puntos del premio se le asignaban al concursante un número determinado de comodines que usaría para resolver fallos en sus respuestas y que variaban en cantidad según el tipo de premio. Los comodines tenían su aquel. Eran naipes gigantes y detrás de ellos estaba una hermosa señorita (no puede haber concepto mas retro…grado que este) llamada Susana Egea que se le intuía casi desnuda y que formaba parte de otro aliciente más para que el concursante perdiera comodines y poder ver así a la exuberante Susana con la misma ropa que usaba Tarzán. A partir de 1989 Susana fue sustituida por un hombre disfrazado de arlequín o comodín. Irónicamente ya no fue lo mismo.

Consiguiera o no el premio deseado, el concursante de turno optaba a un coche con la prueba de los tres teléfonos. Tenía la opción de tres llamadas con la ayuda de todas las guías telefónicas existentes (esos tomos mastodónticos de papel donde buscar un teléfono suponía una odisea en sí misma) para obtener la respuesta a una pregunta rebuscada y bien rebuscada. Si no obtenía la respuesta a través de un interlocutor, el concursante pasaba a una ruleta que detenía con un botón y que contenía distintas cantidades de dinero en metálico (otro concepto retro que me encanta) y el coche. Como aliciente para los telespectadores se hacía una llamada diaria a uno de ellos dándoles la oportunidad de obtener algún premio a través de un panel. Sí, también estaba el coche. ¡Qué serian los concursos sin los coches!.

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Plató del 3×4

3×4 era un programa diario (lunes a viernes) que ocupaba la franja de 13:30 a 14:30. 3×4 fue para la televisión lo que un smartphone para ti pueda ser hoy. Contenía juegos (cual Apalabrados, Triviados, etc…). Resolvía dudas (como tú haces con ellas a través de internet). Veías y escuchabas música (como en Youtube, Vevo, etc…). En definitiva, entretenía como lo puedes estar con tu smartphone durante horas. Y es que, de un modo u otro, todo está ya inventado. Se acababa de inventar el smartphohe televisivo y nadie se había dado cuenta.

3×4 me enseñó que lo sencillo no tiene por qué ser aburrido ni poco elaborado. Al contrario. Con poco dar mucho es algo difícil de conseguir y 3×4 lo consiguió.

Retromoraleja: se puede hacer televisión que enseñe, entretenga y no aburra.

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