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Edición especial de Priscilla Reina del desierto

La primera vez que ví un espectáculo de travestis  quedé cautivado. Era lo que quedaba de los musicales. Cantaban en playback con purpurina y glamour. Me pregunté cual sería el peor lugar para poner a esa gente. Y así nació la película. Stephen Elliot, director.

No es la primera película que trata la temática gay pero sí se ha convertido en el gran pilar de la cultura arcoiris. Gran éxito comercial. Gran éxito de crítica. Todo confluyó para que Priscilla… se convirtiera en un clásico del cine mas allá de las etiquetas.

Priscilla… supuso una sacudida en las mentes de las personas que veían la película y que iban con unos cuantos prejuicios guardados en la recámara. Supuso la apertura de un universo oculto, underground y desconocido hacia la completa visibilidad. Musical. Drama. Comedia. Road movie. Todo en uno.

La excusa de la película es la realización de un viaje desde Sidney hasta el interior desértico de Australia (Alice Springs). Pero el viaje será físico y mental. Los tres protagonistas tendrán una catarsis durante ese viaje. Descubrirán nuevos mundos, nuevas personas y se descubrirán a sí mismos.

 ¿Qué tenemos aquí? ¿un par de coristas? ¿de donde han salido, señoras mías? ¿de Urano?

Oiga usted, cara mula. ¿Por qué no se prende fuego el tampax a ver si le explota el chumino porque es el único meneo que va a sentir en su vida? tía gorda.

Priscilla, así se llamaba el medio de transporte

Priscilla, así se llamaba el medio de transporte

El humor siempre como salvavidas para los envites de la vida. En Priscilla… está más que presente. Y es que “por muy duro que crea que me he vuelto, me sigue doliendo”  dice Mitzy (Hugo Weaving) en el film. Padre de un hijo al que irá a conocer. El tratamiento de la homosexualidad en la película pasa por un nivel de respeto, normalidad, aceptación y orgullo máximo. El niño lo ve todo normal, y lo único que busca es el amor, como dice Bernadette (Terence Stamp) , la transexual del trío protagonista “la moral se elige y él elegirá la que prefiera cuando esté preparado”.

El desierto ante sus ojos...

El desierto ante sus ojos…

Una transexual que acaba de perder a su pareja, un gay cuarentón padre de un hijo y una musculoca perteneciente a una familia bien acomodada queriendo cumplir un sueño. Tres perfiles. Tres realidades. Tres historias que se cruzan y que confluyen en una misma experiencia.

“Todo tiene que ver con colisiones. La película es una colisión entre la gente y el entorno. Entre gente que quiere un tipo de vida y un lugar que no puede ofrecérsela”. Al Clark, productor de la película.

Priscilla… me abrió los ojos a un mundo que empezaba a florecer en las noches de mi ciudad. Se pusieron de moda las drag queens (menospreciando indirectamente al clásico espectáculo de transformismo que siempre había existido) y salieron debajo de las piedras. Todo eran drag queens. Era símbolo de modernidad en locales, clubes y variopintas fiestas. Total saturación que acabó siendo un filtro para que se mantuvieran unas pocas hasta que acabaron casi desapareciendo.

En una escala de su viaje...

En una escala de su viaje…

Terence Stamp como la transexual Bernadette, Hugo Weaving como Mitzy y Guy Pearce como Felicia bordan unos papeles tan alejados de sus trayectorias profesionales. Hugo quizás sea el más acomodado en el papel porque lo dignifica, todo lo lleva de una forma natural y se desenvuelve por los distintos vestuarios y situaciones como pez en el agua. Terence es el más inesperado. Terence venía de hacer de tipo duro y malo de muchas películas y estaba dispuesto a  dejar su carrera por ello cuando le llegó este papel que supo llevar con la mayor dignidad posible a pesar de tantas adversidades en el rodaje. Y Guy, el más sorprendente porque provenía de protagonizar la serie australiana Neighbours (famosísima en las antípodas) y ser carne de carpetas de adolescentes sobrehormonadas. Todos arriesgaron. Todos ganaron.

Lizzy Gardiner cuando recogió el Oscar al mejor vestuario

Lizzy Gardiner cuando recogió el Oscar al mejor vestuario.

Debo hacer dos menciones especiales sobre la película que la colocan en el podio de las ganadoras. En primer lugar su vestuario que tiene personalidad propia y que constituye un alegato a la originalidad y al “con poco, hago mucho”. Lizzy Gardiner y Tim Chappel supieron sintetizar el espíritu australiano a través de los trajes que lucían las protagonistas: flores, emus, lagartos, motivos playeros y hasta la ópera de Sidney fueron representados en los distintos trajes que lucen los protagonistas del film.

El vestuario es el cuarto protagonista de la película. Un vestuario que no sobrevivió al final del rodaje y que tenía que irse cogiendo con pinzas (literalmente) para que pudiera servir para las distintas tomas. De los 2 millones de dólares que costó la película, sólo 4000 dolares fueron asignados a vestuario donde llegaron a usarse descuentos en una tienda donde trabajaba la madre de Tim e incluso una actriz (Julia Cortez) aportó un traje de gatita para la secuencia (memorable) de las pelotas de ping pong..

Lizzy Gardiner consiguió llevar un traje de tarjetas de oro American Express para recoger el Oscar al mejor vestuario cuando, anteriormente, la misma empresa de tarjetas le negó la posiblidad de sacar uno igual en la película. Curioso.

Edición especial de la banda sonora.

Edición especial de la banda sonora.

Y en segundo lugar hay que destacar su banda sonora. Su genial banda sonora. Comenzando por el homenaje a Abba que se hace tanto musicalmente como en la historia de la película hasta llegar al relanzamiento del clásico dancehit de los 90 Finally de Ce Ce Peniston. 

No todo es música disco de los 70 como se puede suponer en un primer momento, que la hay. De ello dan cuenta Gloria Gaynor (I will survive), Village People (Go west),  Alicia Bridges (I love the nightlife) y, por supuesto, Abba (Mamma mia). También hay unas cuantas joyas que descubrí y que me sirvieron para que, hoy en día, valore, escuche y disfrute la música de aire retro, crooner o como quieras llamarle de décadas de los 30, 40,50…A saber: A fine romance de Lena Horne, Can´t help lovin that man de Trudy Richards o I don´t care if the sun don´t shine de Patti Page.

El rodaje de la película fue cronológico. Es decir, se fue rodando según se avanzaba por el desierto hasta llegar a su destino tal cual ocurre en la película. Rodajes a 50 grados a la sombra. Maquillajes deshechos al instante por el calor…toda una odisea. Como curiosidad,en la película aparecen distintos miembros del equipo haciendo cameos: Tim Chappel (vestuario) hace de drag queen en el último número musical de los créditos finales, Al Clark (productor) es un cura oficiando un entierro e incluso el mismísimo director Stephen Elliot interpreta al botones del casino de Alice Springs donde recalan las insignes damiselas protagonistas.

Muchos han visto la película en televisión años después porque tenían miedo de que fuese una película gay. Cuando se les obliga a verla la entienden. Debido al miedo sigue encontrando su público años después. Stephen Elliot, director.

Priscilla…cuyo guión fue escrito en doce días (ahí es nada) consiguió sacar del armario a muchas mentalidades acojonadas por lo desconocido. Vamos, lo que siempre nos pasa. Y no pasa nada. Priscilla fue un revulsivo para el uso del personaje gay (en todas sus facetas) por el cine comercial. Algo que algunos pueden calificar de negativo puede ser interpretado como positivo. Visibilidad. No toda es positiva. Pero no toda la visibilidad heterosexual es positiva. Se nota, se siente, el gay está presente…y a partir de ahí a seguir luchando. No queda otra.

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