Lisa Stansfield

Lisa Stansfield

 Apareció de la nada, como una ola que me llevaba hacia dentro, mas y mas, dejándome llevar, perdiendo el miedo a lo desconocido. Disfrutando. Expectante. Hasta que un día pude estar a su lado.

Lisa Stansfield en 1989

Lisa Stansfield en 1989

Elegante. Elegantísima. Cálida. Calidísima. Sobria, clásica, eterna, atemporal, consecuente…Especial. Tan especial que en plena efervescencia adolescente, escuchando la radio, viendo la tele, saliendo de discotecas con los amigos, Lisa apareció ante mi como una visión. Moderna estéticamente (ese caracolillo en la frente, madre mia…) y musicalmente aportando algo novedoso al panorama musical del momento. De hecho, ya venía de colaborar con Coldcut (“People hold on”) en un himno dance clásico donde los haya. Su carta de presentación era muy buena. De Affection, su primer disco en solitario, pudo haber extraido todas las canciones como singles. Perfecto. No sobraba ninguna. Todas hacían un disco sólido y potente: All around the world (no falta en ningún recopilatorio), This is the right time, Live together, Poison, Sincerity…Ritmos modernos que dejaban entrever una voz única, sensual y penetrante que perdurará siempre.

Lisa Stnasfield en sesión de fotos de Real Love, su segundo disco.

Lisa Stnasfield en sesión de fotos de Real Love, su segundo disco.

Siguiendo su estela soul, ese alma blanca proyectada en melodias negras volvía a darme un toque de atención con Change (de su disco Real Love) allá por 1991. Todavía envuelto en mis fantasmas de juventud, mis miedos, y mis deseos esa canción producía una sensación de paz que nadie conseguía. Y sin saber de qué iba la letra, que tiene más delito todavía. Con pelo más largo ese cambio de look hacía de Lisa una mujer más bella si cabe. Y como si conociera lo que pasaba por mi cabeza en aquellas épocas sacó un segundo single Time to make you mine, una apología musical del deseo sexual efervescente que corría por mis venas. Magnífico.

 

Mi colección incompleta

Mi colección incompleta

Una cosa he de decir para ser sincero. No soy un fanático que cualquier cosa que haga el artista me emociona sin más. De Lisa hay discos que me han dejado un poco indiferente, otros los llevo grabados a fuego, y en ambos casos, escuchar la voz y la música de Lisa siempre consigue un efecto relajante sorprendente. Y en el mejor de los casos unas ganas irrefrenables de ponerme a bailar en cualquier lado. Con su disco homónimo de 1997 consiguió una obra de arte. Época en la que comenzaba a pinchar de manera continua en locales (como ya sabreis los que me leeis habitualmente) y con sus canciones, sobretodo The real thing, caldeaba el ambiente. Su mejor disco, en mi opinión, tanto musicalmente como estéticamente por diseño, fotos, etc…

 Lisa Stansfield tiene también muchos éxitos y canciones excelentes que grabó para recopilatorios ajenos a su obra musical como el Down on the dephts (versión de Cole Porter) grabado para Red, hot and blue ( recopilatorio que recaudaba fondos para la lucha contra el Sida), o para bandas sonoras como Someday de El guardaespaldas. La banda sonora que más discos ha vendido en la historia.

     Y llegó el momento inesperado. 2001. En mi trabajo, por aquel entonces, nos enviaron a cubrir la gala de Mister España a Algeciras. La organización nos invitaba. Con dos compañeros más, fuimos hacia alli. Un hotel muy bueno en mitad de la nada pero con mucho gusto. Dia de entrevistas, asistir a ensayos, desfiles, backstage…y vuelta al hotel. Momento de relax en piscina con risas, buen rollo y de repente, en pleno verano, aparece una silueta en albornoz negro (de esos espesos que te dan calor nada mas verlos) y se coloca en una tumbona. ¡¡¡¡¡¡¡Lisa Stansfield!!!!!!. Sabía que acudía a la gala como invitada pero no esperaba coincidir con ella en un hotel, y menos en la piscina. No podía dejar de mirarla, bueno, espiarla. Tengo un problema con la gente que admiro, me gusta y eso, pero no puedo articular palabra, acercarme en plan friki para pedir un autógrafo, una foto o esas cosas que un fan al uso suele hacer. No puedo. Se metió en la piscina y comenzó a nadar anchos, no largos. Me metí en la piscina y comencé a nadar a su lado a una distancia prudencial. ¡¡¡¡¡Nadando con Lisa!!!!!!. Y como vino, se fue. Sin más. Y la verdad, no me quedó esa cosa de “tenía que haberle dicho algo” . Simplemente se me quedó una sonrisa tonta por ese momento único. Muchos se acercaran y dirán cosas…Yo nadé con ella.

     A Lisa le perdí la pista en 2004 con su último trabajo hasta el año pasado que reapareció con un discazo, Seven, recuperando mi atención y la esperanza de que los genios no desaparecen del todo. No innova, sin embargo, continua su estela mágica de un estilo propio y personal. Simplemente Lisa. Ahora estoy escuchando todos sus discos de nuevo de una manera casi obsesiva. Disfrutando como antaño, y recordando mi especial relación con ella. Y alegrándome de que nos regale discos como este último.

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